lunes, 6 de diciembre de 2010

Wikileaks: documentos ¿perjudiciales o útiles ?

TOMADO DE LA BBC MUNDO
Wikileaks, el sitio en internet que filtra material sensible y secreto a través de la red publicó unos 250.000 mensajes secretos enviados por las embajadas de Estados Unidos que dan un panorama de las actuales preocupaciones globales de ese país y que contienen información sobre América Latina.

Entre las informaciones se incluyen los informes de algunos dirigentes árabes - entre ellos el Rey Abdulá de Arabia Saudita- que instan a EE.UU. para atacar a Irán y poner fin a su programa de armas nucleares.

Otras preocupaciones abarcan la seguridad del material nuclear paquistaní que podría usarse para hacer un arma atómica.

Lea: Documentos de Wikileaks revelan preocupaciones de Estados Unidos
El periódico El País prestó atención a los documentos que se refieren a América Latina y que incluyen cables diplomáticos entre otros, sobre "los esfuerzos por cortejar a países de América Latina para aislar al venezolano Hugo Chávez" y "las sospechas que la presidenta de Argentina, Cristina Fernández de Kirchner, despierta en Washington, hasta el punto de que la Secretaría de Estado llega a solicitar información sobre su estado de salud mental".

En un comunicado, la Casa Blanca dijo que "estas revelaciones ponen en riesgo a nuestros diplomáticos, profesionales de inteligencia y personas de todo el mundo que vienen a Estados Unidos para ayudar en la promoción de la democracia y de un gobierno abierto".

WikiLeaks: grandeza y miseria
(Opiniónn aparecida en el Diario de Mallorca, España)

ANTONIO PAPELL El fenómeno Wikileaks, cuya última expresión es la gigantesca filtración de un amplio repertorio de la correspondencia diplomática de la Secretaría de Estado norteamericana, representa una brusca y radical novedad en el sistema informativo global. En efecto, hasta ahora, la relación entre los medios y los poderes políticos se establecía a través de una dialéctica bien conocida y consagrada por el uso: la prensa, depositaria de la libertad de expresión, tenía la obligación de forzar la transparencia de las instituciones. Pero en este esquema tradicional ha surgido ahora un tercer actor, procedente de la sociedad civil: la organización Wikileaks, totalmente opaca en su composición y funcionamiento, se ocupa de alumbrar, de forma sistemática e indiscriminada, toda la información oculta a la que consigue acceder. De momento, la "víctima" ha sido la administración americana, pero Wikileaks, que mantiene una web en Suecia, tiene vocación universal. O sea que nadie está a salvo: los gobiernos, democráticos o autoritarios, han de ocultar a partir de ahora sus secretos bajo siete llaves y echarse a temblar.
Tras la filtración, a posición de la prensa convencional es delicada: a los medios seleccionados por la propia Wikileaks, cinco rotativos de prestigio mundial, les corresponde organizar el colosal acervo disponible, estructurarlo, darle sentido, comunicar en fin a la opinión pública aquellos aspectos novedosos de las políticas que han sido desentrañadas. En este proceso, se mantienen expresamente los criterios de proteger a las fuentes y de no revelar aquello que pueda poner en peligro a personas. Pero es claro que, para valorar este proceso informativo, faltan algunos datos fundamentales, sin los cuales no desaparece plenamente la sospecha de una gran manipulación. Porque, en efecto, permanecen sin respuesta algunas preguntas cruciales: ¿quién financia todo esto? ¿Por qué se han filtrado unos documentos y no otros? ¿Qué garantía hay de que no se ha producido una filtración selectiva, encaminada a confundir a la opinión pública al empujarla solapadamente en una determinada dirección?
El carácter informal y asistemático de Wikileaks obliga asimismo a formular algunos criterios morales y deontológicos, previos a cualquier otra consideración: de entrada, es demasiado simple la idea de que toda información reservada por el poder ha de ser publicada por simple exigencia ética. En España, por ejemplo, los medios han tenido que silenciar en muchas ocasiones alguna información para no dar oxígeno al terrorismo de ETA, y no ha prosperado la tesis de que esta autocensura era condenable o de que entraba en contradicción con la libertad de expresión.
También debe tenerse en cuenta que, en el equilibrio estratégico internacional, es hipócrita exigir transparencia a un ámbito democrático, y forzarle a ella, cuando es evidente que no se tienen medios para levantar el velo del secreto en las dictaduras que amenazan la estabilidad mundial. Por ejemplo: será difícil justificar que se dote a Irán de argumentos antioccidentales cuando este país, víctima de una cruel dictadura, está tratando de lograr el arma nuclear.

Todo ello conduce a una conclusión necesariamente ambigua: el papel de Wikileaks es respetable mientras no se demuestre lo contrario; sin embargo, las filtraciones deben ser tomadas con gran cautela, tanto en sí mismas cuanto en su contenido. Sólo el tiempo, tras la digestión de las noticias, permitirá afinar los juicios sobre el particular.

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