El 2010 no fue histórico para la radio colombiana.
Con la llegada de Francisco Santos a RCN, el medio hertziano quedó también en deuda.
Una disección de la radio colombiana:
Radio Cadena Nacional (RCN)
Como ya estaba cantado, salió Juan Gossain de RCN. Desde la llegada de Yolanda Ruiz a la dirección de contenido, se mostraba el interés de la Organización Ardila, bueno de Carlos Julio Ardila, por cambiar de director.
Reconociendo que con Gossain no salían del abismo en que estaban, los directivos de la Cadena fueron modificando el decorado de la plana mayor de la dirección, con la ilusión de competir en mejores condiciones frente a Caracol, después del fracaso del espacio del humorista Guillermo Díaz.
Entonces, pensando con grandeza, cometieron otra equivocación: parcelaron los espacios abriendo uno para la mañana, otro para la tarde y uno más para la noche.
A pesar de eso, acertaron con la designación de Claudia Morales, Rodrigo Pardo y María Elvira Samper, para manejar el espacio nocturno, pero les falta algo, un “no se qué” para ser alternativa a Hora 20 de la competencia.
Carlos Julio y compañía agravaron el error y llevaron a Francisco Santos a la dirección de las noticias de la mañana.
Y Santos les agrandó el daño, conformando un equipo mediocre.
Santos y su insulso combo, haciendo gobiernismo pretérito acabaron con cualquier posibilidad de darle un nuevo aire a RCN radio.
Por lambonería, solidaridad, complicidad, pero también por lealtad, Santos tiene que hacer uribismo a rabiar y aunque sería lógico que los uribistas lo siguieran, son más los que critican su actitud.
Para completar, Santos reta a la justicia, cuando se niega a concurrir a una cita judicial ante un proceso penal por calumnia que entablaron en su contra tres sindicatos vallecaucanos.
Este caso, unido al que ya debía haber definido la Fiscalía por las denuncias que hizo Salvatore Mancuso del apoyo que le dio Santos a las asesinas autodefensas, no le da autoridad moral a este torpe director.
Qué paradoja: un futuro convicto es director de una Cadena que alega ser defensora de la verdad y de las buenas costumbres.
Pachito, como le dicen sus amigos, es célebre por sus metidas de pata, por lenguisuelto.
Y pasará a la historia como el sepulturero de RCN, si antes no lo destituyen o él tiene un segundo de honradez y renuncia.
CARACOL
La viejera de Caracol. No se renueva. Su director en la mañana es Darío Arismendi, que no aporta, ni ha aportado nunca a la radio.
Está ahí porque no hay nadie más que convenza a los españoles para autorizar un relevo.
O porque su amigo y socio Ricardo Alarcón no lo cambia por esas mismas razones.
El tedio de escuchar “Hoy por Hoy”, nombre que se le agregó a “6am”, no logra sin embargo hacer cambiar de dial, porque en las otras frecuencias están peor.
Hoy disfruta Caracol el primer lugar de sintonía, pero no tiene asegurado ese privilegio si llega a aparecer un sistema informativo radial distinto: es decir que el director no sea en extremo lambón o en extremo inquisidor. Porque eso es Arismendi: pasa de lamber a escupir al entrevistado.
Y naturalmente sus compañeros de mesa se contagian.
Gustavo Gómez, cuyo mayor mérito es regalar discos, no tiene ni idea de hacer una radio informativa.
Su flojera se complementa con unos chistes burdos que quiere hacerle a cada entrevistado.
Y en el resto del día: el amanerado de Frank Solano no levanta la aguja: bueno, la de la sintonía. Porque al otro lado (RCN) está su colega de cofradía y lo hace peor.
Y la Luciérnaga huele a alcanfor.
Los mismos chistes, los mismos lamentos, el mismo despistado conductor y el comentarista Gustavo Álvarez Gardeazabal, ex convicto por recibir dineros del narcotráfico, es ahora la potencia moral del país y condena sin fórmula de juicio a quienes no son de su pensamiento político: es decir a quienes no siguen los dictados de Fernando Londoño, José Obdulio Gaviria y Álvaro Uribe.
Y Hora 20, es un púlpito de egolatrías.
Por su audiencia en círculos de poder, los políticos y analistas se pelean por participar en ese espacio.
Néstor Morales, con su autosuficiencia, no investiga, no se prepara, no sabe, no consulta leyes o la Constitución, ni está enterado de muchos de los temas que trata con sus contertulios y por lo tanto se pierde el espacio en las mentiras o las interpretaciones acomodadas de los invitados.
Las dos cadenas grandes compiten en deportes con algunas desventajas. Caracol con el Carrusel le gana al petrificado esquema de RCN.
Pero esta última, tiene su Antena 2 donde se desquita de la competencia con algunos aceptables espacios de información deportiva.
El dueto que hacen Hernán Peláez e Iván Mejía, en Caracol es un programa para viejitos aficionados.
Es como “recordemos el pasado” de la radio deportiva, que no debería tener espacio a esa hora en una cadena que debería utilizar esos 60 minutos para información y formación de los oyentes.
LA W
Con Julio Sánchez Cristo, cada día más prepotente, La W se está cerrando puertas en muchas fuentes.
Algunos congresistas se han puesto de acuerdo para no volverle a pasar a la W.
Otras fuentes cierran las puertas a las reporteritas de Julio.
Y otros personajes se han hecho a la idea de no contar con la W para nada.
Le pasan a Julio, pero saben que detrás tiene a Félix de Bedout, para que haga el trabajo sucio, y cuya actitud a veces ofensiva termina siempre disgustando a los entrevistados.
Los periodistas son libres de preguntar. Este no es un consejo para el equipo de la W, es solo una afirmación para decir que en la libertad hay un marco, un límite, que debe ser el respeto y la presunción de inocencia y credibilidad del entrevistado.
La W y Julio sólo tienen intereses, y grandes intereses, comerciales. De ahí en adelante, son pataleos para aparentar una radio independiente y escrutadora.
LA FM
Es la versión femenina de La W, con la diferencia de que Vicky Dávila es al mismo tiempo Julio y Félix.
Los reporteros que conocen las intimidades de los equipos de trabajo, nos dicen que Vicky es muy amiga de los Nule y por eso no es tan incisiva con los mayores estafadores en la historia del país y siempre que divulgan grabaciones estas provienen de los tramposos constructores.
La competencia de Vicky con Julio, por demostrar que ella es mejor que él, más inteligente, más universal, mejor entrevistadora, ya la perdió la señora, que además tiene unos familiares políticos que están respondiendo por crímenes ante la Fiscalía, lo que la inhabilita también para dar algunas noticias.
Fue otro año gris para La FM, aunque la revelación de grabaciones, sean o no piezas procesales, le merecieron comentarios favorables de algunos sectores. Pero eso no fue mérito de Vicky sino de algunos compañeros de trabajo que sí se esfuerzan por hacer periodismo equilibrado, científico e informativo.
LOS DEMAS
Las otras estaciones o cadenas radiales no tienen peso ni pesos para competir.
Todelar, con Edgar Artunduaga, de pronto puede pellizcar alguna parte de la audiencia, pero tienen poderosos enemigos que no lo dejarán pasar.
Súper, con Fernando Londoño, que tiene un buen soporte de sintonía, no pasará de ahí no solo por la tacañería de los Pava sino porque el uribismo se vuelve cada día más cansón e imposible de seguir escuchando. Además, es el altoparlante de la derecha extrema que no escucha radio.
Colmundo, con Francisco Tulande, no tiene futuro, no por el director sino porque la cadena está concebida para fines religiosos.
Melodía, sin pena ni gloria agoniza como su propietario y se anquilosa como su hijo sucesor.
Y la Radiodifusora Nacional, es el mayor desperdicio en plata, frecuencia y nombre, de la historia republicana.
Una radio así, no es para el orgullo nacional. Por eso, cada día que pasa se apagan más radios.
Aprovechamos para enviar un saludo de nuevo año a los reporteros de la radio colombiana, los que tienen que soportar largas jornadas de trabajo, con cortos ingresos y ser el limpión de las embarradas de sus jefes.
miércoles, 29 de diciembre de 2010
lunes, 27 de diciembre de 2010
El 2010 pasó sin pena ni gloria para la televisión colombiana
Para la prensa de Colombia, 2010 no será un año para recordar.
La historia podrá pasar la página de estos 365 días últimos, salvo por algunas actuaciones meritorias que se salvan.
Vemos por sectores:
Televisión
Los dos canales privados de operación nacional, RCN y Caracol, se empecinar en torpedear la concesión del llamado “tercer canal”.
Fueron descarados en el manejo de la información, no tuvieron ética para presentar las decisiones y opiniones de los integrantes de la Comisión Nacional de Televisión (CNTV) sobre el tema.
Tampoco divulgaron con equilibrio los conceptos de los partidarios de la adjudicación del nuevo canal.
Y como es lógico, apabullaron a quienes se postularon para el “tercer canal”.
RCN y Caracol demostraron que en cuestión de negocios no tiene código de ética informativa.
Y en sus contenidos, ambos canales privados hicieron permanente apología al sexo, la violencia, el narcotráfico, la drogadicción, en horario de audiencia familiar, sin que la Comisión se diera por enterada, precisamente porque estaba dedicada a defenderse de los abusadores.
Además, RCN y Caracol con sus noticieros no dieron muestras de innovación ni le dieron privilegio a la información.
Sus mejores secciones fueron las de las presentadoras que medio empelotadas presentan las insulsas noticias de farándula y las llamadas “Cosa Política” y “Código Secreto”, que sólo divulgan lo trivial, lo accesorio o lo ridículo.
Ahí cierran el círculo de las informaciones políticas y legislativas y salvo excepcionales circunstancias dan paso a temas profundos de proyectos de ley o discusiones políticas serias.
Los dos noticieros, orientados por empresas con claros intereses económicos no hacen aportes trascendentales a la sociedad, a sus instituciones o a su convivencia.
“Lo bueno no es noticia”, es el lema que tienen los directores de ambos canales.
Y está el tema de los periodistas y técnicos de los dos canales, que trabajan de sol a sol, en condiciones físicas, mentales y económicas que no se compadecen con el esfuerzo que hacen.
En el Canal 1, la franja de mayor audiencia es la de CM&, donde realizan un noticiero con esquemas muy parecidos a RCN y Caracol, pero con algunos enfoques distintos que da gusto verlo.
Pero Yamid Amat, sus socios Juan Gossaín y Carlos Ramírez y el dueño Pepe Douer, tienen el mismo apego al poder y también dependen de los mismos o parecidos intereses económicos y comerciales de las otras cadenas y en consecuencia tampoco es garantía de imparcialidad y equilibrio informativos.
La televisión estatal también naufragó. El ex director de RTVC, Douglas Velásquez, estaba más dedicado al beneficio político de su gestión que a dar pasos históricos para mejorar el medio. Sumido en gastos suntuosos o sospechosos como repetidamente lo denunciaron los medios, Velásquez perdió su tiempo y RTVC la oportunidad de dar ejemplo a los canales privados.
Los canales regionales, sumidos en la politiquería y el manejo abusivo de gobernadores como el de Antioquia, tampoco hicieron aportes a la nueva televisión.
La televisión por suscripción, sin mayores progresos en su parrilla, a no ser por los avances tecnológicos, en el caso de Telmex se tomaron los espacios de opinión los uribistas y, según el ex senador Rodrigo Lara, herederos de antiguos socios y familiares de Pablo Escobar.
Y, finalmente, la Comisión Nacional de Televisión, fue el antro del despilfarro, la politiquería, negocios oscuros e intereses inconfesables.
Está en trámite su desmonte, mediante un acto legislativo y una posterior ley.
Por eso, el desangre solamente se detendrá en el 2012, si es que los comisionados no interfieren en las decisiones legislativas y, mediante prebendas a los congresistas, hunden el proyecto.
Al terminar 2010, nada le debemos a la televisión y en cambio ella nos debe mucho a los colombianos.
Una linea de esperanza: la televisión digital, seguramente le mueva los sesos a los gurues de la televisión nacional.
La historia podrá pasar la página de estos 365 días últimos, salvo por algunas actuaciones meritorias que se salvan.
Vemos por sectores:
Televisión
Los dos canales privados de operación nacional, RCN y Caracol, se empecinar en torpedear la concesión del llamado “tercer canal”.
Fueron descarados en el manejo de la información, no tuvieron ética para presentar las decisiones y opiniones de los integrantes de la Comisión Nacional de Televisión (CNTV) sobre el tema.
Tampoco divulgaron con equilibrio los conceptos de los partidarios de la adjudicación del nuevo canal.
Y como es lógico, apabullaron a quienes se postularon para el “tercer canal”.
RCN y Caracol demostraron que en cuestión de negocios no tiene código de ética informativa.
Y en sus contenidos, ambos canales privados hicieron permanente apología al sexo, la violencia, el narcotráfico, la drogadicción, en horario de audiencia familiar, sin que la Comisión se diera por enterada, precisamente porque estaba dedicada a defenderse de los abusadores.
Además, RCN y Caracol con sus noticieros no dieron muestras de innovación ni le dieron privilegio a la información.
Sus mejores secciones fueron las de las presentadoras que medio empelotadas presentan las insulsas noticias de farándula y las llamadas “Cosa Política” y “Código Secreto”, que sólo divulgan lo trivial, lo accesorio o lo ridículo.
Ahí cierran el círculo de las informaciones políticas y legislativas y salvo excepcionales circunstancias dan paso a temas profundos de proyectos de ley o discusiones políticas serias.
Los dos noticieros, orientados por empresas con claros intereses económicos no hacen aportes trascendentales a la sociedad, a sus instituciones o a su convivencia.
“Lo bueno no es noticia”, es el lema que tienen los directores de ambos canales.
Y está el tema de los periodistas y técnicos de los dos canales, que trabajan de sol a sol, en condiciones físicas, mentales y económicas que no se compadecen con el esfuerzo que hacen.
En el Canal 1, la franja de mayor audiencia es la de CM&, donde realizan un noticiero con esquemas muy parecidos a RCN y Caracol, pero con algunos enfoques distintos que da gusto verlo.
Pero Yamid Amat, sus socios Juan Gossaín y Carlos Ramírez y el dueño Pepe Douer, tienen el mismo apego al poder y también dependen de los mismos o parecidos intereses económicos y comerciales de las otras cadenas y en consecuencia tampoco es garantía de imparcialidad y equilibrio informativos.
La televisión estatal también naufragó. El ex director de RTVC, Douglas Velásquez, estaba más dedicado al beneficio político de su gestión que a dar pasos históricos para mejorar el medio. Sumido en gastos suntuosos o sospechosos como repetidamente lo denunciaron los medios, Velásquez perdió su tiempo y RTVC la oportunidad de dar ejemplo a los canales privados.
Los canales regionales, sumidos en la politiquería y el manejo abusivo de gobernadores como el de Antioquia, tampoco hicieron aportes a la nueva televisión.
La televisión por suscripción, sin mayores progresos en su parrilla, a no ser por los avances tecnológicos, en el caso de Telmex se tomaron los espacios de opinión los uribistas y, según el ex senador Rodrigo Lara, herederos de antiguos socios y familiares de Pablo Escobar.
Y, finalmente, la Comisión Nacional de Televisión, fue el antro del despilfarro, la politiquería, negocios oscuros e intereses inconfesables.
Está en trámite su desmonte, mediante un acto legislativo y una posterior ley.
Por eso, el desangre solamente se detendrá en el 2012, si es que los comisionados no interfieren en las decisiones legislativas y, mediante prebendas a los congresistas, hunden el proyecto.
Al terminar 2010, nada le debemos a la televisión y en cambio ella nos debe mucho a los colombianos.
Una linea de esperanza: la televisión digital, seguramente le mueva los sesos a los gurues de la televisión nacional.
lunes, 6 de diciembre de 2010
El caso Wikileaks: Los tres mitos de la era digital
Christian Christensen -
(Profesor asociado en el Departamento de Informática y Medios en la Universidad de Uppsala, Suecia.)
Traducción: Cristina Sardoy
Wikileaks, una fuente de información digital donde se publican documentos secretos, suscita el debate sobre el papel del periodismo en la actualidad. Su sistema se contrapone a la información “libre” pero poco confiable que aseguran sitios como YouTube, Facebook o Twitter y rompe con ciertos mitos clásicos de la era digital.
La difusión de los “Diarios de la Guerra Afgana” en Wikileaks , con notas publicadas en The Guardian , The New York Times y Der Spiegel , gracias a un acuerdo con Wikileaks, fue noticia en el mundo entero.
Le Monde diplomatique, conjuntamente con Owni y Slate.fr, también ofreció los documentos online a través de un sitio de Internet especial . Las consecuencias en materia de seguridad de la filtración de este material se discutirán durante años. Mientras tanto, la publicación de más de 90.000 documentos ha generado un debate sobre el poder creciente del periodismo digital y de los medios sociales. Muchas de las discusiones están arraigadas en lo que denomino mitos digitales o de Internet; mitos arraigados, a su vez, en nociones deterministas y románticas de la tecnología.
Mito 1: El poder de los medios sociales
A los comentaristas y los expertos en medios se les suele preguntar qué significa el caso Wikileaks respecto del poder de los medios sociales en la sociedad contemporánea, especialmente en la cobertura de una guerra .
La pregunta no tiene nada de malo, pero ilustra una tendencia problemática que ubica todas las formas de medios sociales (blogs, Twitter, Facebook, YouTube, Wikileaks) bajo un mismo paraguas enorme. El mito es que los medios sociales son homogéneos en virtud de sus tecnologías. Pero Wikileaks no se parece en nada a Twitter o YouTube.
Lo que lo separa de otras formas de medios sociales es el proceso de revisión por el que debe pasar el material presentado para ser subido al sitio. Esto podría parecer un detalle, pero da justo en el centro de las nociones “tecno-utópicas” de un “espacio común abierto” donde cada uno y cualquiera puede postear (casi) todo para que lo lean, escuchen y vean todos.
El verdadero poder de Wikileaks no reside tanto en la tecnología (ayuda, pero hay millones de otros sitios en Internet dando vueltas) como en la confianza de los lectores en la autenticidad de lo que leen; ellos creen que quienes trabajan en Wikileaks avalan la veracidad del material.
Hay literalmente centenares de videos de Irak y Afganistán en YouTube que muestran a las fuerzas de coalición participando en actos de agresión cuestionables y en algunos casos obviamente ilícitos.
Sin embargo, ninguno de esos clips tuvo un impacto como el del único video subido por Wikileaks donde se muestra a un montón de civiles (y dos periodistas de Reuters) abatidos por artillería aérea de alta potencia en un suburbio de Bagdad. ¿Por qué? Porque si bien la apertura total puede ser atractiva en teoría, la información sólo es valiosa en la medida en que es confiable, y Wikileaks tiene montada una estructura de revisión organizativa que Twitter, Facebook, YouTube y la mayoría de los blogs (por razones obvias) no. No todos los medios sociales son creados de la misma manera y por lo tanto su poder dista de ser igual.
Mito 2: El Estado-nación agoniza
Si hay algo que nos enseñó el caso Wikileaks es que el Estado-nación con toda seguridad no está en decadencia. Buena parte del discurso que rodea a Internet y, en particular, a los medios sociales, gira en torno de la premisa de que actualmente vivimos en una sociedad digital sin fronteras.
La noción de un Estado-nación en decadencia ha tenido mucha repercusión en ciertos ámbitos del mundo académico en los últimos años, pero los hechos de las últimas semanas deberían hacernos reflexionar. Quienes están a cargo de Wikileaks entienden claramente el papel vital del Estado-nación, sobre todo en lo que se refiere a la ley. A pesar de la afirmación de Jay Rosen, especialista en medios de la Universidad de Nueva York , de que se trata de “la primera organización de noticias mundial sin Estado”, Wikileaks tiene un fuerte vínculo territorial.
Wikileaks está semi-oficialmente radicado en Suecia y cuenta con toda la protección ofrecida a los denunciantes y las garantías relativas al anonimato de las fuentes conforme al derecho sueco .
Tal como informó The New Yorker en junio de 2010, Wikileaks está conectado a un ISP (Proveedor de Servicio de Internet) sueco llamado PRQ .
El material presentado a Wikileaks primero pasa por PRQ y luego por servidores ubicados en Bélgica. ¿Por qué Bélgica?, se pueden preguntar. Porque Bélgica tiene la segunda legislación más fuerte en materia de protección de fuentes. Y el fundador de Wikileaks, Julián Assange, eligió Islandia como ubicación para decodificar la filmación aérea en video de las matanzas en Bagdad. Islandia sancionó recientemente la Iniciativa Islandesa de Medios Modernos , concebida para que el país sea un refugio global para los denunciantes, el periodismo de investigación y la libertad de expresión.
Además de Wikileaks, otros acontecimientos recuerdan la importancia de los Estados y las leyes en el fluido mundo digital: las recientes decisiones de los Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita de instigar el bloqueo de la función de mensajes en los dispositivos BlackBerry , o el bloqueo aparentemente infinito de YouTube Turquía . Si bien es cierto que la estructura de Wikileaks está montada para eludir las leyes de determinados países (mediante la tecnología digital), también hace uso de las leyes de otros países. Wikileaks no ignora la ley; simplemente traslada todo el juego a lugares donde las normas son distintas.
Mito 3: El periodismo está muerto (o casi)
Los informes de la muerte del periodismo han sido muy exagerados (parafraseando a Mark Twain). El caso Wikileaks expresa el poder de la tecnología para hacernos repensar qué significa para nosotros “periodismo” a comienzos del siglo XXI. Pero también consolida el lugar del periodismo convencional dentro de la cultura contemporánea. Wikileaks decidió entregar los documentos afganos a The Guardian, The New York Times y Der Spiegel semanas antes de que fueran publicados online, –fuentes de medios convencionales y no a publicaciones “alternativas” (presumiblemente afines) como The Nation, Z Magazine o IndyMedia–. La razón es seguramente que las tres fuentes convencionales de noticias son las que establecen la agenda informativa internacional. Pocas fuentes (dejando de lado empresas de radio y televisión como la BBC o CNN) tienen tanta influencia como The New York Times y The Guardian; y el hecho de ser publicados en inglés les da mayor visibilidad. La gente de Wikileaks supo darse cuenta de que cualquier publicación de los documentos online sin un contacto previo con fuentes de noticias importantes generaría una precipitación caótica de artículos en el mundo entero.
De este modo, la atención se volvió directamente a los tres diarios en cuestión, donde un gran número de documentos ya había sido analizado y resumido. Y el papel de Wikileaks no se perdió en la avalancha de información. En la tesis de la muerte del periodismo (como en la de la muerte del Estado-nación), se confunde cambio con eliminación. La publicación de los Diarios Afganos muestra que el periodismo convencional todavía mantiene una buena cuota de poder, pero la naturaleza de ese poder cambió (respecto de 20 o 30 años atrás). Un ejemplo es el relato que hizo el editor ejecutivo Bill Keller del contacto entre el personal editorial de The New York Times y la Casa Blanca luego de la publicación de los documentos: “A pesar de condenar fuertemente a WikiLeaks por publicar estos documentos, la Casa Blanca no sugirió que The Times no debía escribir al respecto. Al contrario, en nuestras discusiones previas a la publicación de nuestros artículos, funcionarios de la Casa Blanca cuestionaron algunas de las conclusiones que habíamos extraído del material pero nos agradecieron por manejar los documentos con cuidado y nos pidieron que instáramos a WikiLeaks a retener información que pudiera costar vidas. Nosotros transmitimos ese mensaje”.
Se trata de una declaración sorprendente por parte del editor ejecutivo del diario más respetado de Estados Unidos. Por dos razones. La descripción del encuentro muestra orgullo por el elogio de la Casa Blanca, enfrentada con las ideas tradicionales de la prensa como contralor de los que están en el poder. Segundo, el papel de The New York Times como intermediario entre el gobierno estadounidense y Wikileaks ilustra una interesante dinámica nueva de poder en la noticia y la información en Estados Unidos.
En el centro del mito de la muerte del periodismo (y del mito del papel de los medios sociales) se encuentra la suposición de una relación causal entre el acceso a la información y el cambio democrático. La idea de que el mero acceso a la información en bruto lleva de hecho al cambio (radical o de otro modo) es una noción tan romántica como la de que el mero acceso a la tecnología puede hacer lo mismo. La información, como la tecnología, solamente es útil si están presentes el conocimiento y las capacidades necesarias para activar dicha información. Wikileaks eligió sus tres diarios no porque representaran necesariamente almas gemelas ideológicas para Julián Assange y sus colegas, sino porque estaban profesional, organizativa y económicamente preparados para la tarea de decodificar y distribuir el material aportado.
En un mundo digital que se redefine constantemente como no-jerárquico, sin fronteras y fluido, Wikileaks nos recordó que la estructura, las fronteras, las leyes y la reputación todavía importan. -
(Profesor asociado en el Departamento de Informática y Medios en la Universidad de Uppsala, Suecia.)
Traducción: Cristina Sardoy
Wikileaks, una fuente de información digital donde se publican documentos secretos, suscita el debate sobre el papel del periodismo en la actualidad. Su sistema se contrapone a la información “libre” pero poco confiable que aseguran sitios como YouTube, Facebook o Twitter y rompe con ciertos mitos clásicos de la era digital.
La difusión de los “Diarios de la Guerra Afgana” en Wikileaks , con notas publicadas en The Guardian , The New York Times y Der Spiegel , gracias a un acuerdo con Wikileaks, fue noticia en el mundo entero.
Le Monde diplomatique, conjuntamente con Owni y Slate.fr, también ofreció los documentos online a través de un sitio de Internet especial . Las consecuencias en materia de seguridad de la filtración de este material se discutirán durante años. Mientras tanto, la publicación de más de 90.000 documentos ha generado un debate sobre el poder creciente del periodismo digital y de los medios sociales. Muchas de las discusiones están arraigadas en lo que denomino mitos digitales o de Internet; mitos arraigados, a su vez, en nociones deterministas y románticas de la tecnología.
Mito 1: El poder de los medios sociales
A los comentaristas y los expertos en medios se les suele preguntar qué significa el caso Wikileaks respecto del poder de los medios sociales en la sociedad contemporánea, especialmente en la cobertura de una guerra .
La pregunta no tiene nada de malo, pero ilustra una tendencia problemática que ubica todas las formas de medios sociales (blogs, Twitter, Facebook, YouTube, Wikileaks) bajo un mismo paraguas enorme. El mito es que los medios sociales son homogéneos en virtud de sus tecnologías. Pero Wikileaks no se parece en nada a Twitter o YouTube.
Lo que lo separa de otras formas de medios sociales es el proceso de revisión por el que debe pasar el material presentado para ser subido al sitio. Esto podría parecer un detalle, pero da justo en el centro de las nociones “tecno-utópicas” de un “espacio común abierto” donde cada uno y cualquiera puede postear (casi) todo para que lo lean, escuchen y vean todos.
El verdadero poder de Wikileaks no reside tanto en la tecnología (ayuda, pero hay millones de otros sitios en Internet dando vueltas) como en la confianza de los lectores en la autenticidad de lo que leen; ellos creen que quienes trabajan en Wikileaks avalan la veracidad del material.
Hay literalmente centenares de videos de Irak y Afganistán en YouTube que muestran a las fuerzas de coalición participando en actos de agresión cuestionables y en algunos casos obviamente ilícitos.
Sin embargo, ninguno de esos clips tuvo un impacto como el del único video subido por Wikileaks donde se muestra a un montón de civiles (y dos periodistas de Reuters) abatidos por artillería aérea de alta potencia en un suburbio de Bagdad. ¿Por qué? Porque si bien la apertura total puede ser atractiva en teoría, la información sólo es valiosa en la medida en que es confiable, y Wikileaks tiene montada una estructura de revisión organizativa que Twitter, Facebook, YouTube y la mayoría de los blogs (por razones obvias) no. No todos los medios sociales son creados de la misma manera y por lo tanto su poder dista de ser igual.
Mito 2: El Estado-nación agoniza
Si hay algo que nos enseñó el caso Wikileaks es que el Estado-nación con toda seguridad no está en decadencia. Buena parte del discurso que rodea a Internet y, en particular, a los medios sociales, gira en torno de la premisa de que actualmente vivimos en una sociedad digital sin fronteras.
La noción de un Estado-nación en decadencia ha tenido mucha repercusión en ciertos ámbitos del mundo académico en los últimos años, pero los hechos de las últimas semanas deberían hacernos reflexionar. Quienes están a cargo de Wikileaks entienden claramente el papel vital del Estado-nación, sobre todo en lo que se refiere a la ley. A pesar de la afirmación de Jay Rosen, especialista en medios de la Universidad de Nueva York , de que se trata de “la primera organización de noticias mundial sin Estado”, Wikileaks tiene un fuerte vínculo territorial.
Wikileaks está semi-oficialmente radicado en Suecia y cuenta con toda la protección ofrecida a los denunciantes y las garantías relativas al anonimato de las fuentes conforme al derecho sueco .
Tal como informó The New Yorker en junio de 2010, Wikileaks está conectado a un ISP (Proveedor de Servicio de Internet) sueco llamado PRQ .
El material presentado a Wikileaks primero pasa por PRQ y luego por servidores ubicados en Bélgica. ¿Por qué Bélgica?, se pueden preguntar. Porque Bélgica tiene la segunda legislación más fuerte en materia de protección de fuentes. Y el fundador de Wikileaks, Julián Assange, eligió Islandia como ubicación para decodificar la filmación aérea en video de las matanzas en Bagdad. Islandia sancionó recientemente la Iniciativa Islandesa de Medios Modernos , concebida para que el país sea un refugio global para los denunciantes, el periodismo de investigación y la libertad de expresión.
Además de Wikileaks, otros acontecimientos recuerdan la importancia de los Estados y las leyes en el fluido mundo digital: las recientes decisiones de los Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita de instigar el bloqueo de la función de mensajes en los dispositivos BlackBerry , o el bloqueo aparentemente infinito de YouTube Turquía . Si bien es cierto que la estructura de Wikileaks está montada para eludir las leyes de determinados países (mediante la tecnología digital), también hace uso de las leyes de otros países. Wikileaks no ignora la ley; simplemente traslada todo el juego a lugares donde las normas son distintas.
Mito 3: El periodismo está muerto (o casi)
Los informes de la muerte del periodismo han sido muy exagerados (parafraseando a Mark Twain). El caso Wikileaks expresa el poder de la tecnología para hacernos repensar qué significa para nosotros “periodismo” a comienzos del siglo XXI. Pero también consolida el lugar del periodismo convencional dentro de la cultura contemporánea. Wikileaks decidió entregar los documentos afganos a The Guardian, The New York Times y Der Spiegel semanas antes de que fueran publicados online, –fuentes de medios convencionales y no a publicaciones “alternativas” (presumiblemente afines) como The Nation, Z Magazine o IndyMedia–. La razón es seguramente que las tres fuentes convencionales de noticias son las que establecen la agenda informativa internacional. Pocas fuentes (dejando de lado empresas de radio y televisión como la BBC o CNN) tienen tanta influencia como The New York Times y The Guardian; y el hecho de ser publicados en inglés les da mayor visibilidad. La gente de Wikileaks supo darse cuenta de que cualquier publicación de los documentos online sin un contacto previo con fuentes de noticias importantes generaría una precipitación caótica de artículos en el mundo entero.
De este modo, la atención se volvió directamente a los tres diarios en cuestión, donde un gran número de documentos ya había sido analizado y resumido. Y el papel de Wikileaks no se perdió en la avalancha de información. En la tesis de la muerte del periodismo (como en la de la muerte del Estado-nación), se confunde cambio con eliminación. La publicación de los Diarios Afganos muestra que el periodismo convencional todavía mantiene una buena cuota de poder, pero la naturaleza de ese poder cambió (respecto de 20 o 30 años atrás). Un ejemplo es el relato que hizo el editor ejecutivo Bill Keller del contacto entre el personal editorial de The New York Times y la Casa Blanca luego de la publicación de los documentos: “A pesar de condenar fuertemente a WikiLeaks por publicar estos documentos, la Casa Blanca no sugirió que The Times no debía escribir al respecto. Al contrario, en nuestras discusiones previas a la publicación de nuestros artículos, funcionarios de la Casa Blanca cuestionaron algunas de las conclusiones que habíamos extraído del material pero nos agradecieron por manejar los documentos con cuidado y nos pidieron que instáramos a WikiLeaks a retener información que pudiera costar vidas. Nosotros transmitimos ese mensaje”.
Se trata de una declaración sorprendente por parte del editor ejecutivo del diario más respetado de Estados Unidos. Por dos razones. La descripción del encuentro muestra orgullo por el elogio de la Casa Blanca, enfrentada con las ideas tradicionales de la prensa como contralor de los que están en el poder. Segundo, el papel de The New York Times como intermediario entre el gobierno estadounidense y Wikileaks ilustra una interesante dinámica nueva de poder en la noticia y la información en Estados Unidos.
En el centro del mito de la muerte del periodismo (y del mito del papel de los medios sociales) se encuentra la suposición de una relación causal entre el acceso a la información y el cambio democrático. La idea de que el mero acceso a la información en bruto lleva de hecho al cambio (radical o de otro modo) es una noción tan romántica como la de que el mero acceso a la tecnología puede hacer lo mismo. La información, como la tecnología, solamente es útil si están presentes el conocimiento y las capacidades necesarias para activar dicha información. Wikileaks eligió sus tres diarios no porque representaran necesariamente almas gemelas ideológicas para Julián Assange y sus colegas, sino porque estaban profesional, organizativa y económicamente preparados para la tarea de decodificar y distribuir el material aportado.
En un mundo digital que se redefine constantemente como no-jerárquico, sin fronteras y fluido, Wikileaks nos recordó que la estructura, las fronteras, las leyes y la reputación todavía importan. -
Wikileaks: documentos ¿perjudiciales o útiles ?
TOMADO DE LA BBC MUNDO
Wikileaks, el sitio en internet que filtra material sensible y secreto a través de la red publicó unos 250.000 mensajes secretos enviados por las embajadas de Estados Unidos que dan un panorama de las actuales preocupaciones globales de ese país y que contienen información sobre América Latina.
Entre las informaciones se incluyen los informes de algunos dirigentes árabes - entre ellos el Rey Abdulá de Arabia Saudita- que instan a EE.UU. para atacar a Irán y poner fin a su programa de armas nucleares.
Otras preocupaciones abarcan la seguridad del material nuclear paquistaní que podría usarse para hacer un arma atómica.
Lea: Documentos de Wikileaks revelan preocupaciones de Estados Unidos
El periódico El País prestó atención a los documentos que se refieren a América Latina y que incluyen cables diplomáticos entre otros, sobre "los esfuerzos por cortejar a países de América Latina para aislar al venezolano Hugo Chávez" y "las sospechas que la presidenta de Argentina, Cristina Fernández de Kirchner, despierta en Washington, hasta el punto de que la Secretaría de Estado llega a solicitar información sobre su estado de salud mental".
En un comunicado, la Casa Blanca dijo que "estas revelaciones ponen en riesgo a nuestros diplomáticos, profesionales de inteligencia y personas de todo el mundo que vienen a Estados Unidos para ayudar en la promoción de la democracia y de un gobierno abierto".
WikiLeaks: grandeza y miseria
(Opiniónn aparecida en el Diario de Mallorca, España)
ANTONIO PAPELL El fenómeno Wikileaks, cuya última expresión es la gigantesca filtración de un amplio repertorio de la correspondencia diplomática de la Secretaría de Estado norteamericana, representa una brusca y radical novedad en el sistema informativo global. En efecto, hasta ahora, la relación entre los medios y los poderes políticos se establecía a través de una dialéctica bien conocida y consagrada por el uso: la prensa, depositaria de la libertad de expresión, tenía la obligación de forzar la transparencia de las instituciones. Pero en este esquema tradicional ha surgido ahora un tercer actor, procedente de la sociedad civil: la organización Wikileaks, totalmente opaca en su composición y funcionamiento, se ocupa de alumbrar, de forma sistemática e indiscriminada, toda la información oculta a la que consigue acceder. De momento, la "víctima" ha sido la administración americana, pero Wikileaks, que mantiene una web en Suecia, tiene vocación universal. O sea que nadie está a salvo: los gobiernos, democráticos o autoritarios, han de ocultar a partir de ahora sus secretos bajo siete llaves y echarse a temblar.
Tras la filtración, a posición de la prensa convencional es delicada: a los medios seleccionados por la propia Wikileaks, cinco rotativos de prestigio mundial, les corresponde organizar el colosal acervo disponible, estructurarlo, darle sentido, comunicar en fin a la opinión pública aquellos aspectos novedosos de las políticas que han sido desentrañadas. En este proceso, se mantienen expresamente los criterios de proteger a las fuentes y de no revelar aquello que pueda poner en peligro a personas. Pero es claro que, para valorar este proceso informativo, faltan algunos datos fundamentales, sin los cuales no desaparece plenamente la sospecha de una gran manipulación. Porque, en efecto, permanecen sin respuesta algunas preguntas cruciales: ¿quién financia todo esto? ¿Por qué se han filtrado unos documentos y no otros? ¿Qué garantía hay de que no se ha producido una filtración selectiva, encaminada a confundir a la opinión pública al empujarla solapadamente en una determinada dirección?
El carácter informal y asistemático de Wikileaks obliga asimismo a formular algunos criterios morales y deontológicos, previos a cualquier otra consideración: de entrada, es demasiado simple la idea de que toda información reservada por el poder ha de ser publicada por simple exigencia ética. En España, por ejemplo, los medios han tenido que silenciar en muchas ocasiones alguna información para no dar oxígeno al terrorismo de ETA, y no ha prosperado la tesis de que esta autocensura era condenable o de que entraba en contradicción con la libertad de expresión.
También debe tenerse en cuenta que, en el equilibrio estratégico internacional, es hipócrita exigir transparencia a un ámbito democrático, y forzarle a ella, cuando es evidente que no se tienen medios para levantar el velo del secreto en las dictaduras que amenazan la estabilidad mundial. Por ejemplo: será difícil justificar que se dote a Irán de argumentos antioccidentales cuando este país, víctima de una cruel dictadura, está tratando de lograr el arma nuclear.
Todo ello conduce a una conclusión necesariamente ambigua: el papel de Wikileaks es respetable mientras no se demuestre lo contrario; sin embargo, las filtraciones deben ser tomadas con gran cautela, tanto en sí mismas cuanto en su contenido. Sólo el tiempo, tras la digestión de las noticias, permitirá afinar los juicios sobre el particular.
Wikileaks, el sitio en internet que filtra material sensible y secreto a través de la red publicó unos 250.000 mensajes secretos enviados por las embajadas de Estados Unidos que dan un panorama de las actuales preocupaciones globales de ese país y que contienen información sobre América Latina.
Entre las informaciones se incluyen los informes de algunos dirigentes árabes - entre ellos el Rey Abdulá de Arabia Saudita- que instan a EE.UU. para atacar a Irán y poner fin a su programa de armas nucleares.
Otras preocupaciones abarcan la seguridad del material nuclear paquistaní que podría usarse para hacer un arma atómica.
Lea: Documentos de Wikileaks revelan preocupaciones de Estados Unidos
El periódico El País prestó atención a los documentos que se refieren a América Latina y que incluyen cables diplomáticos entre otros, sobre "los esfuerzos por cortejar a países de América Latina para aislar al venezolano Hugo Chávez" y "las sospechas que la presidenta de Argentina, Cristina Fernández de Kirchner, despierta en Washington, hasta el punto de que la Secretaría de Estado llega a solicitar información sobre su estado de salud mental".
En un comunicado, la Casa Blanca dijo que "estas revelaciones ponen en riesgo a nuestros diplomáticos, profesionales de inteligencia y personas de todo el mundo que vienen a Estados Unidos para ayudar en la promoción de la democracia y de un gobierno abierto".
WikiLeaks: grandeza y miseria
(Opiniónn aparecida en el Diario de Mallorca, España)
ANTONIO PAPELL El fenómeno Wikileaks, cuya última expresión es la gigantesca filtración de un amplio repertorio de la correspondencia diplomática de la Secretaría de Estado norteamericana, representa una brusca y radical novedad en el sistema informativo global. En efecto, hasta ahora, la relación entre los medios y los poderes políticos se establecía a través de una dialéctica bien conocida y consagrada por el uso: la prensa, depositaria de la libertad de expresión, tenía la obligación de forzar la transparencia de las instituciones. Pero en este esquema tradicional ha surgido ahora un tercer actor, procedente de la sociedad civil: la organización Wikileaks, totalmente opaca en su composición y funcionamiento, se ocupa de alumbrar, de forma sistemática e indiscriminada, toda la información oculta a la que consigue acceder. De momento, la "víctima" ha sido la administración americana, pero Wikileaks, que mantiene una web en Suecia, tiene vocación universal. O sea que nadie está a salvo: los gobiernos, democráticos o autoritarios, han de ocultar a partir de ahora sus secretos bajo siete llaves y echarse a temblar.
Tras la filtración, a posición de la prensa convencional es delicada: a los medios seleccionados por la propia Wikileaks, cinco rotativos de prestigio mundial, les corresponde organizar el colosal acervo disponible, estructurarlo, darle sentido, comunicar en fin a la opinión pública aquellos aspectos novedosos de las políticas que han sido desentrañadas. En este proceso, se mantienen expresamente los criterios de proteger a las fuentes y de no revelar aquello que pueda poner en peligro a personas. Pero es claro que, para valorar este proceso informativo, faltan algunos datos fundamentales, sin los cuales no desaparece plenamente la sospecha de una gran manipulación. Porque, en efecto, permanecen sin respuesta algunas preguntas cruciales: ¿quién financia todo esto? ¿Por qué se han filtrado unos documentos y no otros? ¿Qué garantía hay de que no se ha producido una filtración selectiva, encaminada a confundir a la opinión pública al empujarla solapadamente en una determinada dirección?
El carácter informal y asistemático de Wikileaks obliga asimismo a formular algunos criterios morales y deontológicos, previos a cualquier otra consideración: de entrada, es demasiado simple la idea de que toda información reservada por el poder ha de ser publicada por simple exigencia ética. En España, por ejemplo, los medios han tenido que silenciar en muchas ocasiones alguna información para no dar oxígeno al terrorismo de ETA, y no ha prosperado la tesis de que esta autocensura era condenable o de que entraba en contradicción con la libertad de expresión.
También debe tenerse en cuenta que, en el equilibrio estratégico internacional, es hipócrita exigir transparencia a un ámbito democrático, y forzarle a ella, cuando es evidente que no se tienen medios para levantar el velo del secreto en las dictaduras que amenazan la estabilidad mundial. Por ejemplo: será difícil justificar que se dote a Irán de argumentos antioccidentales cuando este país, víctima de una cruel dictadura, está tratando de lograr el arma nuclear.
Todo ello conduce a una conclusión necesariamente ambigua: el papel de Wikileaks es respetable mientras no se demuestre lo contrario; sin embargo, las filtraciones deben ser tomadas con gran cautela, tanto en sí mismas cuanto en su contenido. Sólo el tiempo, tras la digestión de las noticias, permitirá afinar los juicios sobre el particular.
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