lunes, 27 de diciembre de 2010

El 2010 pasó sin pena ni gloria para la televisión colombiana

Para la prensa de Colombia, 2010 no será un año para recordar.
La historia podrá pasar la página de estos 365 días últimos, salvo por algunas actuaciones meritorias que se salvan.
Vemos por sectores:
Televisión

Los dos canales privados de operación nacional, RCN y Caracol, se empecinar en torpedear la concesión del llamado “tercer canal”.
Fueron descarados en el manejo de la información, no tuvieron ética para presentar las decisiones y opiniones de los integrantes de la Comisión Nacional de Televisión (CNTV) sobre el tema.
Tampoco divulgaron con equilibrio los conceptos de los partidarios de la adjudicación del nuevo canal.
Y como es lógico, apabullaron a quienes se postularon para el “tercer canal”.
RCN y Caracol demostraron que en cuestión de negocios no tiene código de ética informativa.
Y en sus contenidos, ambos canales privados hicieron permanente apología al sexo, la violencia, el narcotráfico, la drogadicción, en horario de audiencia familiar, sin que la Comisión se diera por enterada, precisamente porque estaba dedicada a defenderse de los abusadores.
Además, RCN y Caracol con sus noticieros no dieron muestras de innovación ni le dieron privilegio a la información.
Sus mejores secciones fueron las de las presentadoras que medio empelotadas presentan las insulsas noticias de farándula y las llamadas “Cosa Política” y “Código Secreto”, que sólo divulgan lo trivial, lo accesorio o lo ridículo.
Ahí cierran el círculo de las informaciones políticas y legislativas y salvo excepcionales circunstancias dan paso a temas profundos de proyectos de ley o discusiones políticas serias.
Los dos noticieros, orientados por empresas con claros intereses económicos no hacen aportes trascendentales a la sociedad, a sus instituciones o a su convivencia.
“Lo bueno no es noticia”, es el lema que tienen los directores de ambos canales.
Y está el tema de los periodistas y técnicos de los dos canales, que trabajan de sol a sol, en condiciones físicas, mentales y económicas que no se compadecen con el esfuerzo que hacen.
En el Canal 1, la franja de mayor audiencia es la de CM&, donde realizan un noticiero con esquemas muy parecidos a RCN y Caracol, pero con algunos enfoques distintos que da gusto verlo.
Pero Yamid Amat, sus socios Juan Gossaín y Carlos Ramírez y el dueño Pepe Douer, tienen el mismo apego al poder y también dependen de los mismos o parecidos intereses económicos y comerciales de las otras cadenas y en consecuencia tampoco es garantía de imparcialidad y equilibrio informativos.
La televisión estatal también naufragó. El ex director de RTVC, Douglas Velásquez, estaba más dedicado al beneficio político de su gestión que a dar pasos históricos para mejorar el medio. Sumido en gastos suntuosos o sospechosos como repetidamente lo denunciaron los medios, Velásquez perdió su tiempo y RTVC la oportunidad de dar ejemplo a los canales privados.
Los canales regionales, sumidos en la politiquería y el manejo abusivo de gobernadores como el de Antioquia, tampoco hicieron aportes a la nueva televisión.
La televisión por suscripción, sin mayores progresos en su parrilla, a no ser por los avances tecnológicos, en el caso de Telmex se tomaron los espacios de opinión los uribistas y, según el ex senador Rodrigo Lara, herederos de antiguos socios y familiares de Pablo Escobar.
Y, finalmente, la Comisión Nacional de Televisión, fue el antro del despilfarro, la politiquería, negocios oscuros e intereses inconfesables.
Está en trámite su desmonte, mediante un acto legislativo y una posterior ley.
Por eso, el desangre solamente se detendrá en el 2012, si es que los comisionados no interfieren en las decisiones legislativas y, mediante prebendas a los congresistas, hunden el proyecto.
Al terminar 2010, nada le debemos a la televisión y en cambio ella nos debe mucho a los colombianos.
Una linea de esperanza: la televisión digital, seguramente le mueva los sesos a los gurues de la televisión nacional.

No hay comentarios:

Publicar un comentario