
El director de 6 am. Hoy por Hoy, Darío Arizmendi, debe poner su barba en remojo.
Ya han pasado muchos años desde que asumió la dirección de Caracol, sin tener ninguna experiencia en radio.
Creo que llegó en el año 90, cuando Yamid Amat entró en desgracia con el Grupo Santodomingo por muchas cosas que hoy está repitiendo Arizmendi: parcialidad, politización, denegación de equilibrio para los contradictores de sus amigos y, sobre todo, somñolencia.
Si uno quiere dormir plácidamente en la mañana debe sintonizar a Juan Gossaín o si de paso también quiere tener pesadillas, oiga a Arizmendi.
Los dos son soporíferos.
Pero volviendo a Arizmendi, en particular, creo que con el ya pasó lo que tenía que pasar.
Cuando asumíó la Dirección de Caracol y se puso al frente de los micrófonos, un comentarista de farándula de un periódico de Barranquilla dijo que Caracol había elegido al humorista radial Montecristo para presentar las noticias de la mañana.
Claro que hoy en día con Gustavo Gómez, ese espacio parece un duelo de Montecristo con Emeterio, el de Los Tolimenses.
Se burlan todo el tiempo de personalidades nacionales o internacionales y hacen chistes flojos.
Darío, que nunca inventó nada en radio, debería ser procesado por enriquecimiento ilícito con la voz. (?)
Porque se ha ganado un multi millonada en los últimos 18 años, atropellando el idioma, abusando de su posición y dando mal ejemplo de periodismo, sin aportarle nada constructivo a la radiocomunicación.
Ni siquiera con la emisora de FM en Bogotá que Samper le dio en agradecimiento a su arrodillada durante el proceso 8.000, ha hecho algo por la radio.
Se la alquiló a Caracol y tiene por ello un abultado ingreso anual que sólo le sirve a él y a sus desconocidos socios.
Lo mismo hizo Gossain. Le sacó emisora a Samper y se la alquiló a RCN por una astronómica suma.
Hasta ahora caigo en la cuenta de que Gossain y Arizmendi tienen vidas paralelas. Sólo les importa la plata.
Arizmendi, pues, debe ir alistando maletas para su retiro, ya que su contraparte de RCN está en lo mismo.
He preguntado a varios colegas de radio, televisión y periódicos qué opinan de Arizmendi y todos coinciden en que se pasa de mamón con sus arengas políticas.
No son análisis políticos. Son catilinarias contra el presidente Uribe, algunos de sus ministros o contra ciudadanos indefensos de los cuales él abusa.
Pero este punto va a ser objeto de una próxima columna.
Mientras tanto, hagan fuerza para que el Director Arizmendi despeje su encrucijada y comprenda que no está haciéndole mucho aporte a Caracol y menos a la radio colombiana ni a los ciudadanos que tienen el derecho a estar bien informados, por periodistas y medios equilibrados.
Ya han pasado muchos años desde que asumió la dirección de Caracol, sin tener ninguna experiencia en radio.
Creo que llegó en el año 90, cuando Yamid Amat entró en desgracia con el Grupo Santodomingo por muchas cosas que hoy está repitiendo Arizmendi: parcialidad, politización, denegación de equilibrio para los contradictores de sus amigos y, sobre todo, somñolencia.
Si uno quiere dormir plácidamente en la mañana debe sintonizar a Juan Gossaín o si de paso también quiere tener pesadillas, oiga a Arizmendi.
Los dos son soporíferos.
Pero volviendo a Arizmendi, en particular, creo que con el ya pasó lo que tenía que pasar.
Cuando asumíó la Dirección de Caracol y se puso al frente de los micrófonos, un comentarista de farándula de un periódico de Barranquilla dijo que Caracol había elegido al humorista radial Montecristo para presentar las noticias de la mañana.
Claro que hoy en día con Gustavo Gómez, ese espacio parece un duelo de Montecristo con Emeterio, el de Los Tolimenses.
Se burlan todo el tiempo de personalidades nacionales o internacionales y hacen chistes flojos.
Darío, que nunca inventó nada en radio, debería ser procesado por enriquecimiento ilícito con la voz. (?)
Porque se ha ganado un multi millonada en los últimos 18 años, atropellando el idioma, abusando de su posición y dando mal ejemplo de periodismo, sin aportarle nada constructivo a la radiocomunicación.
Ni siquiera con la emisora de FM en Bogotá que Samper le dio en agradecimiento a su arrodillada durante el proceso 8.000, ha hecho algo por la radio.
Se la alquiló a Caracol y tiene por ello un abultado ingreso anual que sólo le sirve a él y a sus desconocidos socios.
Lo mismo hizo Gossain. Le sacó emisora a Samper y se la alquiló a RCN por una astronómica suma.
Hasta ahora caigo en la cuenta de que Gossain y Arizmendi tienen vidas paralelas. Sólo les importa la plata.
Arizmendi, pues, debe ir alistando maletas para su retiro, ya que su contraparte de RCN está en lo mismo.
He preguntado a varios colegas de radio, televisión y periódicos qué opinan de Arizmendi y todos coinciden en que se pasa de mamón con sus arengas políticas.
No son análisis políticos. Son catilinarias contra el presidente Uribe, algunos de sus ministros o contra ciudadanos indefensos de los cuales él abusa.
Pero este punto va a ser objeto de una próxima columna.
Mientras tanto, hagan fuerza para que el Director Arizmendi despeje su encrucijada y comprenda que no está haciéndole mucho aporte a Caracol y menos a la radio colombiana ni a los ciudadanos que tienen el derecho a estar bien informados, por periodistas y medios equilibrados.
