viernes, 2 de enero de 2015

Prensa colombiana 2015: cambios para que todo siga igual

Los relevos en algunos medios tienen pronóstico reservado. 

Comienza 2015 con cambios en algunos medios y anuncios de renovación, pero dentro de 363 dias vamos a llegar a la conclusión de que todo siguió igual.
En Caracol Televisión, hubo relevo en la dirección: sale Luis Carlos Vélez. Llegó como el gran revolucionario y se va dejando una estela de enfrentamientos con colegas, con la opinión, con hombres y mujeres de la vida pública colombiana.

No le fue bien a Luis Carlos, un jóven que sucumbió a la vanidad y se llenó de egolatría y no pudo demostrar el talento que tiene.
Quería estar en todas las transmisiones, pero sobre todo trataba de imponer un estilo que no era bien recibido por el televidente.
Faltó madurez, sobró narcicismo.
Siad Char, su esposa, es el único activo que le quedó después de liquidar su paso por Caracol TV.
Todavía no han dicho la verdad, el periodista ni el medio sobre la causa real del retiro de Vélez a quien lo reemplaza Juan Roberto Vargas, salido de las canteras de la redacción, porque ha sido reportero inquieto, a veces sobre modulado.

Su velocidad para hablar podría sugerir que es la misma para pensar, pero hasta ahora no lo ha demostrado.
Seguramente retomará la escuela tradicional del periodismo televisado: miserabilismo, amarillismo, guerrerismo, excesivo protagonismo de los periodistas y escapismo social.
Claro, lo tiene que hacer así porque su medio es de propiedad de un grupo económico que no está para pensar en algo distinto al rating y a las utilidades.
Y en Caracol Radio, terminó su ciclo Hernán Peláez Restrepo, como director del escuchado espacio La Luciérnaga.

Su salida, no ha sido tampoco explicada con verdad por él ni por la empresa radial.
Peláez es un ejemplo para los nuevos en este oficio: el manejo del don de la palabra es importante para quien vive de eso.
El hombre salió en hombros de su cargo, porque deja una herencia que muchos periodistas envidiamos: la imagen de un director ecuánime, equilibrado, sosegado, nada dogmático y cero sectario.
Lo felicitaron sus amigos y enemigos y algunos creen que será insuperable.
Está demostrado: nadie hace falta en un medio de comunicación.
Casi siempre, los que lamentan el retiro de alguien en un medio, lo reemplazan rápidamente con un nuevo ídolo.
La verdad es que Peláez no se inventó La Luciérnaga ni fue su primer conductor.
El origen de ese programa es de las entrañas de Yamid Amat que hacía un programa parecido los viernes en la cadena básica de Caracol, contra el parecer de Santo Domingo, el dueño, y de Augusto López, el mayordomo.
Después, durante el apagón Gaviria y como Yamid no estaba en Caracol, Ricardo Alarcón y Darío Arizmendi idearon un espacio para acompañar a los colombianos en las penumbras y se les ocurrió hacer diario lo que el otro hacía semanal.
Y viene a ocupar la silla de director de La Luciérnaga Gustavo Gómez, controvertido, apasionado, rencoroso, vanidoso, como son casi todos los hombres y mujeres de éxito.

De entrada, descabezó a Gustavo Álvarez, quien tuvo el atrevimiento de decir que quien se sentara en el puesto de Peláez, debía saber que en su concepto no lo podía superar, ni siquiera reemplazar.
¿Qué va a hacer Gustavo Gómez para ponerse el sacoleva y cubilete de buena dirección que deja Peláez?
Es la pregunta que nos hacemos ahora y que seguramente en poco menos de dos meses nos habrá resuelto el beneficiado con la salida de Peláez.
Es probable que no vaya a producir cambios bruscos. Y que sus nuevos acompañantes, entre ellos Paulo Laserna, no van a dar la talla.
Pero adelantar juicios en este oficio es tan complicado, porque sorpresas se han dado. Así que esperemos un tiempo de prueba para despejar las incertidumbres.
El pronóstico es reservado.
Seguro seguiremos igual pero con artistas distintos.














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